Pedagogía y Filosofía Lasallista

"Escuela paralela" al servicio de la educación del individuo ca­pacitándole para asumir una actitud crítica frente a los, cada vez más poderosos, estímulos de la educación informal.

A pesar de todo, la escuela, en todos sus niveles, seguirá siendo -y de esto tenemos que estar muy concientes- "lugar privilegiado" de la vida intelectual, moral y ética de los jóvenes, donde se propicia su verdadera maduración en un clima de libertad y respeto.

La personalidad de cada uno viene definida por el inventario de los valores que sustentan en su vida. De ahí la importancia que tiene el que la Escuela Lasallista proclame y cultive los valores humano-cristianos que constituirán la base de susten­tación de la personalidad de cada educando.

La Escuela Lasallista concede una importancia capital a la PEDAGOGÍA DEL TESTIMONIO. "¡La escuela es el maestro!". Y los valores que transmite y cultiva la escuela son los valores que animan la vida del maestro captados por la extraordinaria sensibilidad de los niños y de los jóvenes. Por eso se pide al maestro lasallista una exigente ética profesional, tanto actitudinal como operativa.

En la Pedagogía Lasallista se destaca, como agente educativo clave, el Profesor Titular o Tutor de curso que se respon­sabiliza de orientar a los alumnos -personalmente y en grupo-en el proceso de su maduración y de su formación. Su identi­dad deriva de sus funciones de líder, mentor, consejero y guía.

El maestro lasallista sublima su profesión de educador para hacer del ejercicio de la misma un "sacerdocio". Ministro de la Palabra de Dios, vive y anuncia el Evangelio en la escuela. Por la "evangelización de la inteligencia" (II) induce al joven a realizar en su vida la necesario SÍNTESIS DE LA CULTURA Y DE LA FE.

El hacer educativo adquiere gran relieve para el maestro la­sallista al saber que está haciendo la "obra de Dios", que es "ministro de Dios" y "dispensador de sus misterios", nos dice La Salle.

La Escuela Lasallista busca ser el "lugar de encuentro" de la cultura y de la fe para todos los integrantes de la Comunidad Educativa Escolar.

                       

 

La Escuela Lasallista humaniza al hombre mediante la cultura ya que -como dice el Documento de Puebla- en un sentido esencial, cultura indica todo aquello que ayuda a la persona a llegar a un nivel verdadero y plenamente humano.

El "Instrumentum laboris" del Sínodo sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo (Octubre 87) dice que el Sínodo pretende determinar "aquellos caminos que deberán recorrerse a fin de que cada fiel laico sepa inser­tar en una síntesis cristiana todas las realidades de su existen­cia cotidiana. Hay que superar el Idualismo entre fe y vida. La fe debe animar toda la vida".

"La tradición viviente de la Escuela Lasallista se ha empeñado en integrar la fe en Jesucristo dentro de la vida cotidiana de los jóvenes; se ha preocupado siempre por unir estrecha­mente el esfuerzo de evangelización con el trabajo civilizador y el acceso a la cultura".

Para conseguir el objetivo esencial de evangelizar la inteli­gencia, la Escuela Lasallista, que es ante todo escuela cristia­na, emplea cuantos medios están a su alcance: organización, métodos, jerarquización de contenidos y actividades, oración frecuente, reflexión diaria catequesis y clase de Religión.

"Al decir 'escuela cristiana' yo entiendo una escuela donde el ambiente religioso, el sentido de comunidad, la organización, las prioridades todo indica a las claras que la escuela es cris­tiana. La oración en la escuela, quizá al empezar y terminar la clase, es considerada como normal. Existen jóvenes de dife­rentes edades. Se da preferencia a este programa en el plan de estudios, en el horario y en el presupuesto. La escuela cris­tiana es una escuela cual existe un programa cuidadosamente organizado de ministerio pastoral juvenil: un programa que procura oportunidades para la oración, para la Eucaristía y el Sacramento de Reconciliación, para retiros, para entrevistas y para dirección espiritual, para la participación en grupos de oración, comunidad y servicio etc."

En la Escuela Lasallista la Catequesis desborda la "hora" o "clase" de Religión para impregnar toda la actividad escolar y preescolar. De alguna manera, son catequistas, no sólo los Profesores de Religión, sino todos lo miembros de la Comunidad Educativa Escolar. Y el mismo desarrollo de todo el Pro­yecto Educativo debe constituir para todos una catequesis vivencial.

 Por estos medios se pretende dar una intensa formación reli­giosa que comprende el conocimiento de la fe, la celebración de la fe y I vivencia de la fe.

La Escuela Lasallista procura desarrollar la DIMENSIÓN APOSTÓLICA DE LA VIDA DEL LAICO CATÓLICO.

Uno de los rasgos más significativos de nuestros tiempos es la participación social que, en lo referente a la vida política, se presenta cada días más como una exigencia de la conciencia civil.

Este dinamismo de participación constituye para todos y cada uno de los fieles católicos una llamada a asumir su vocación y misión de laicos con la seriedad y responsabilidad que corres­ponde a su pertenencia a la Iglesia. Los cristianos todos, sin excepción, estamos llamados a construir la Iglesia de la que formamos parte. Este enunciado, tan simple en aparien­cia, es para cada uno de nosotros ideal, consigna y programa.

Juan Bautista de La Salle ve lo decisivo de la actuación del educador, desde su puesto privilegiado de mentor de la juven­tud; por eso les dice a sus maestros:

 "Tened en cuenta que debéis trabajar mediante la profesión en edificar la Iglesia..., instruyendo a los niños,... y considerar vuestro empleo por el bien de la Iglesia con el del Estado, del cual vuestros discípulos empiezan a ser, y deben serlo un día más perfectamente, sus miembros".

"Con esta conciencia clara de su misión -decía Juan Pablo II a los jóvenes en la Argentina- todo cristiano se convierte en un apóstol. No como quien ejerce una suplencia al sacerdote o al religioso, sino por imperativo de su vocación cristiana".

La Escuela Lasallista insta a sus alumnos y los prepara a ser "luz", "sal" y "levadura" en medio del mundo, en su vida fami­liar, profesional y social, cumpliendo lo que decía tertuliano: "un cristiano predica allí donde está".

La Escuela Lasallista, con su Pedagogía de valores, practica UNA PEDAGOGÍA CON PROYECCIÓN SOCIAL desde sus mis­mas aulas. Para esto facilita al alumno un conocimiento direc­to de la realidad sociopolítico y económica del país como estímulo de su compromiso, ya desde los años de la escuela, en la construcción de un mundo mejor en el que imperen la justicia y la paz. Por eso, los contenidos programáticos del pensum escolar se seleccionan teniendo en cuenta la realidad nacional para que los hombres que contribuyen a formar sean útiles a la sociedad, puedan integrarse en ella de manera constructiva y coadyuven a la consecuencia del bien común.

La Escuela Lasallista considera esencial para todos sus alum­nos (pobres o no) la EDUCACIÓN PARA LA PROMOCIÓN DE LA JUSTICIA Y DE LA PAZ. Y pretende lograrlo, entre otras, por las acciones siguientes:

 ·          Instruir sobre el objeto y la obligatoriedad de la justicia: dar a cada cual lo que le es debido para que haya igualdad entre su derecho y nuestro deber, y viceversa. Concientizar sobre el problema social, que se plantea en tér­minos de una escandalosa desigualdad en la distribución de la riqueza que, derecho, pertenece a todos. Analizara crítica y serenamente las causas que producen las situaciones de injusticia y violencia presentes en la realidad nacional e internacional.

·         Buscar soluciones posibles y los medios de aplicarlas. Inculcar la necesidad personal de constituirse en agente del cambio social cualquiera que sea el punto o la situación en que cada uno se encuentre.

El proyecto educativo de la Escuela Lasallista sólo puede te­ner éxito siendo una empresa conjunta de la COMUNIDAD EDUCATIVA ESCOLAR que se fundamenta en la comunión de criterios, la participación y la interdependencia.

La comunidad de criterios, convergentes en el Ideario, es premisa básica e imprescindible para la construcción de la Comunidad Escolar y constituye la condición, sino que no, para pertenecer a ella.

La participación, en este caso, se presenta, no como un derecho que uno sería libre de ejercer a voluntad, sino como deber ineludible para todos los asociados. Se tienen en cuen­ta tres criterios básicos de participación: La corresponsabili­dad, la subsidiariedad y la globalidad.

La  interdependencia implica un compromiso solidario frente a la misión educativa cristiana asumida por la Comuni­dad Escolar, y debe manifestarse en un responsable compartir lo que "somos" y lo que "tenemos" en beneficio mutuo de to­dos y para la eficacia de la misión común.

 La Comunidad Educativa Escolar (padres, educadores y edu­candos, fundamentalmente) deberá ser un organismo vivo y operante capaz de brindar a todos:

·  El medio de cultivo para los valores.

·  El clima de confianza que permita la realización personal sin inhibiciones ni complejos.

·  El lugar de encuentro para las relaciones interpersonales sig­nificativas o dialógicas.

·  La orientación adecuada y oportuna a padres, maestros, alum­nos para que puedan protagonizar con eficacia su respectivos roles.

·  El ambiente propicio a la opción personal por la fe y la vida cristiana, principalmente por el testimonio ejemplar de padres y maestros. Una educación renovada acorde con los tiempos que corren.

·  El instrumento de trabajo de la Comunidad Escolar es el Pro­yecto Educativo del Colegio de cuya elaboración, ejecu­ción y evaluación son todos sus integrantes igualmente res­ponsables.

La Escuela Lasallista es una escuela de fraternidad en que se cultivan las virtudes humanas y cristianas que producen ópti­mos frutos de amistad, lealtad, colaboración,... que perduran a lo largo de los años entre los verdaderos lasallistas y hace que ex - alumnos, alumnos, padres, profesores y Hermanos nos proclamemos y nos sintamos "Una Gran Familia".

Esta fraternidad tiene un triple fundamento. Teológico: todos somos hijos de Dios y "miembros del Cuerpo Místico de Cristo"; antropológico: básicamente, todos los hombres somos iguales y necesitamos amar y ser amados, y sociológico: el hombre, ser eminentemente social, sólo se realiza en sociedad.

                                                          

                                   

 

Desarrollamos la PEDAGOGÍA DE LA FRANTERNIDAD por:

·   El trato afectuoso a los alumnos. Nos dice San Juan Bautista de La Salle: "Debéis abrigar para con ellos (los alum­nos) particularísimos sentimientos de ternura, y procurar su bien espiritual cuanto os fuere posible, por considerarlos miembros de Jesucristo y sus predilectos... haced patente, por los cuidados que les prodiguéis, que los amáis de veras".

El maestro lasallista es el amigo experimentado que escucha al muchacho y departe con él; el orientador que le ayuda a construir sus propias convicciones; el animador que le estimu­la a la actividad y le alienta en sus decaimientos; el consejero, siempre disponible, corresponsable con el mismo alumno de su educación.

 ·  La educación en una "Ética del Bien Común" de modo que, cuando se requiera, el individuo sea capaz de sacrifi­carse renunciando a las propias comodidades cuadro éstas atentan en contra del mayor bienestar o de la armonía del gru­po.

 ·  El diálogo, la participación y la colaboración. Por eso el alumno debe integrar grupos con los demás estamentos de la Comunidad Escolar para elaborar, ejecutar y evaluar el Pro­yecto Educativo del Colegio, tomando parte activa -con voz y voto- en las tareas que estén a su alcance y en la opción por las alternativas que se presenten. De este modo se sentirá co­autor de un proyecto creado por él y para él no "objetos" pasi­vo de una programación impuesta desde arriba. En estas con­diciones asumirá, con gusto, las responsabilidades que le .conciernen, de acuerdo a su capacidad y competencia, en la vida y en la marcha de la Comunidad Escolar.

La educación preventiva juega un papel importante en la Pedagogía Lasallista, y contribuye a fomentar el "buen espíritu" en la escuela. Consiste fundamentalmente en un acompañamiento afectuoso y solícito a cada alumno y al gru­po de la clase, interesándose por cuanto se relaciona con el proceso de su educación integral. Aquí también se cumple a cabalidad el viejo adagio: "es mejor prevenir que curar".

El ejercicio de la autoridad como servicio a la comuni­dad y a las personas contribuye poderosamente a crear el am­biente de fraternidad en al Escuela Lasallista.

La Escuela Lasallista, al comportarse cada vez más como un organismo vivo, desarrolla la PEDAGOGÍA DE LA CREATIVI­DAD. Ya no es solamente estructura. Es cauce para desarro­llar la personalidad y no meramente mecanismo para el aprendizaje.

Para lograrlo de paso a las nuevas concepciones didácticas en que la memoria cede terreno a la imaginación creadora, la actitud predominantemente receptora al protagonismo, la lógica deductiva a la intuición, y el rendimiento personal a fórmulas de trabajo asociado.

Nuestra escuela se muestra creativa al organizar la acción do­cente en base a los objetivos propuestos y no sólo a los conte­nidos que se transmiten.

La Pedagogía creativa exige la actualización permanente del maestro lasallista al ritmo del cambio de los tiempos: el maestro que deja de leer debería dejar de enseñar.

Para que la Escuela Lasallista marche bien se requiere una estructuración adecuada de las distintas funciones (subsidiariedad) dentro de una organización inteligente que coordine los esfuerzos de todos en una DISCIPLINA CREADORA DE TRABAJO Y ARMONÍA, condición para una educación de cali­dad.

Se podría definir la educación escolar como la ciencia y el arte de lograr el crecimiento de la personalidad de niño y del joven. Esto significa un paso gradual de niño al hombre. La autoridad y la tutoría del maestro juegan un papel crucial en esta formación, y el educador, como también el padre, debe tener el talento de ir disminuyendo el ejercicio de su función autoritaria y tutorial en la medida en que la personalidad del educando crece.

La disciplina es absolutamente necesaria para aprender. El maestro lasallista ayuda al alumno a autodisciplinarse:

 ·  Creando un clima de libertad y responsabilidad que favorezca el trabajo, la creatividad, la formación individual y la relación interpersonal. La Escuela Lasallista promueve la li­bertad de los jóvenes, pero teniendo en cuenta que el apren­dizaje de la libertad es inseparable de la educación a la res­ponsabilidad.

El exceso de autoridad, el autoritarismo, aplasta, y el exceso de libertad, el libertinaje, corrompe.

La imposición no educa. Toda educación debe ser acetada y querida.

 ·  Haciendo que la libertad personal se supedite al bien común. Todo acto que perjudique a los demás es un abuso de libertad. Por eso inculcamos amor, altruismo, sentido de "juego limpio", respeto a los derechos ajenos, aceptación de la crítica constructiva, cumplimiento de las promesas, obe­diencia a la autoridad, aceptación de la derrota o del franco, puntualidad.

 ·  Previniendo mediante la planificación, el conocimiento de normas y reglamentos, la delegación de funciones, el ascen­diente y el prestigio del maestro.

 ·  Sancionando cuando sea necesario, teniendo muy en cuenta que, en el castigo, lo que importa no es el dolor sino la censu­ra.

La organización, la coordinación y la disciplina son determi­nantes de la CALIDAD DE SERVICIO EDUCATIVO en la Es­cuela Lasallista. El parámetro de la calidad educativa que logra la persona es el grado que consigue los fines y objetivos de una educación integral.

 "Lo primero que importa es que las escuelas lasallistas, sean cuales fueran su naturaleza y grado, se caractericen por la ca­lidad de los estudios y la seriedad de la formación, como exigi­das ambas por la honradez profesional y la dedicación a los jóvenes y a la sociedad".

Para lograr una educación de calidad, la Escuela Lasallista se esfuerza por:

·  Enseñar a pensar, más que a memorizar pensamientos ajenos. Habituar a una disciplina de trabajo personal y de equipo, más que a la realización impulsiva e intermitente de tareas. Enseñar a encarar objetivamente los problemas prácticos que se van presentando, más que proporcionar una colección de soluciones estereotipadas cual recetas desencarnadas e im­personales

 · Ayudar a adquirir una fuerte conciencia moral, basada en Dios, que es lo único que podrá dar al educando el verdadero "peso específico" para ponderar sus responsabilidades ciuda­danas.

 · Promover el aprendizaje sistemático de los saberes instru­mentales, consciente de la importancia que tiene la capacita­ción de los alumnos para que puedan desempeñar con efi­ciencia en el mundo de la profesión y del trabajo, y poder llevar así, con prestigio, a esos medios la ideología y práctica cristiana en que se formaron.

La PEDAGOGÍA DE LA RECREACIÓN encuentra su justo lugar en la escuela Lasallista que fomenta las artes en todas sus manifestaciones, así como la cultura física y el deporte en to­das sus formas como escuela de virilidad y forja del carácter.

La EVALUACIÓN EDUCATIVA en la Escuela Lasallista es continua y se procura siempre que sea realista y estimulante. Abarca todo el campo del quehacer educativo:

 ·  El análisis de los objetivos, su vigencia y/o actualización.

·  La Planificación Escolar y la Programación.

·  La metodología y la didáctica empleadas.

·  El rendimiento escolar en la adquisición de conocimientos y aptitudes.

·  La educación y cultura (no sólo instrucción) adquirida por los alumnos personalmente y como grupo. El grado de responsabilidad ligado.

Como se ve, la evaluación es un diagnóstico que sólo tiene sentido en la medida en que da lugar a un pronóstico y, sobre todo, a un tratamiento.

Integrada en el proceso educativo total de la Escuela Lasallis­ta está la PEDAGOGÍA CORRECTIVA que sale al paso de los bajos rendimientos y del fracaso escolar.

Para ello aplica las técnicas de la Recuperación Educativa, en procura de la nivelación en actitudes, conocimientos y apti­tudes de los alumnos rezagados en el aprendizaje.

Partiendo de la inculturación en el medio, la Escuela Lasallista aporta, con creatividad, el saber de su experiencia y las de­ducciones de su experimentación tricentenarias a la consecu­ción de una FIDELIDAD DINÁMICA a los principios fundamen­tales, y actualiza esta fidelidad mediante la formación permanente de sus maestros.

Las dos vertientes de la fidelidad -hacia la tradición y hacia el progreso- hacen que esta fuerza constructora de la personali­dad tenga dos componentes: una estática y otra dinámica. Sólo la resultante de ambas es verdadera fidelidad.

El calificativo de dinámica, sin restar nada a la necesidad de mantener fijo el rumbo hacia la meta, añade la posibilidad de aumentar el impulso.

La fidelidad dinámica pretende dar respuesta a las situaciones del momento, lo que puede exigir opciones difíciles que sólo se podrán hacer, de manera acertada, previo conocimiento de las personas y de los ambientes en que se desenvuelven.

Fidelidad no es sinónimo de inercia, sino de creación, de búsqueda, de preocupación por estar al día, de renovarse (ha­cerse actualmente nuevo). La fidelidad dinámica es, por lo tan­to, condición y medio de superación y de progreso para la educación lasallista.